Han pasado ya casi 8 años del nacimiento de la PSP, un momento significativo en la historia de las consolas portátiles. En 2012, con su sucesora PS Vita en el mercado y con sus lanzamientos prácticamente extinguidos, no es ninguna temeridad hacer balance de una máquina que ha terminado su vida “creativa” (que no comercial). La Playstation Portable, el sueño de todo aficionado a Sony que se hizo realidad a finales del 2004, ha tenido una brillante trayectoria que sólo ha tenido un grave problema fundamental en su concepción y en su diseño: se llama “Nintendo”.

Efectivamente, digo despreciada con una mezcla de ironía y realidad porque la PSP ha vendido en el mundo más de 50 millones de unidades durante su vida, y es difícil asegurar que la consola no ha triunfado como parece que piensa el sector. Creo que es al contrario, sólo que su éxito queda empañado por el abrumador triunfo conseguido por Nintendo con la Gameboy Advance y la Nintendo DS. PSP ha vendido más que muchas consolas exitosas de sobremesa, y para tener una idea de su alcance sólo basta decir que SNES no alcanzó sus cifras de ventas. Sin duda, sorprendente. Así que ¿por qué sigue teniendo la PSP ese estigma maldito? Sin pretender entrar en tecnicismos, analizaremos qué nos ha ofrecido la consola a lo largo de todos estos años.

En primer lugar hay que detenerse en el concepto de la consola, qué ha querido ofrecernos. Parece claro que la GBA quiso llevar a nuestras manos el sabor de las 16 bits de Nintendo pero con un grado de evolución, y mucha portabilidad. La Nintendo DS ha querido explorar nuevas formas de jugar, con cierta evolución tecnológica pero sin que ello fuera prioritario. La PSP quiso en el 2004 ofrecer una bestia parda tecnológica: que tuviéramos en la práctica toda una PS2 para llevarla a cualquier parte. Una pantalla espectacular, un formato propio de discos, posibilidades multimedia que lo convirtieran en un nuevo “walkman” y un catálogo potente de títulos. La portabilidad quedó un tanto sacrificada sobre todo con el primer modelo, PSP1000, pero ha ido mejorando con el paso del tiempo, sin duda. El último paso ha sido la “recortada” PSP E1000 que pese a las apariencias y su fea carcasa, dispone de una buena pantalla y una electrónica solvente. Incluso siendo un poco manitas se puede cambiar su batería, inaccesible por obra y gracia de los simpáticos señores de Sony.

Por tanto, con la PSP se puede acusar a Sony de no haber propuesto nada conceptualmente novedoso, pero creo que el espíritu está claro y eso es algo fundamental. Muchos argumentaron en su contra la falta de sentido de tener juegos que más bien parecían disfrutables en una buena pantalla del salón que para llevarlos de paseo al parque, y quizá por ello Nintendo se ha llevado la mayor parte del pastel. Pero eso no quiere decir que el concepto de PSP no sea válido: es lo que es, y en este sentido no engaña a nadie.

Su tecnología es tan avanzada que realmente, para su propósito, sigue siendo una consola plenamente actual. De hecho, la PSVITA parte del mismo lugar sin pretender innovar en lo fundamental. Ni siquiera Nintendo ha podido dejar demasiado atrás desde el punto de vista tecnológico a la jubilada consola de Sony. Para lo que supone una consola portátil con una pantalla de 4,2”, el apartado técnico de PSP era tan adecuado y sobrado que sería posible en el futuro seguir produciendo títulos para la máquina sin que diera sensación de estancamiento. A pesar de la lacra de la piratería, hasta hace poco hemos visto una sucesión regular de nuevos títulos que han mantenido el listón muy alto y han alcanzado a veces cotas de calidad nunca vistas en el sector (por ejemplo el último Metal Gear o el God of War: Ghost of Sparta).

No hay que negar que uno de los puntos “fuertes” y a la vez trágicos de la consola ha sido su capacidad de ser pirateada hasta la llegada de la infranqueable PSP3000, que al final ha acabado también como sus precedesoras. Esto ha afectado a las ventas de juegos, sin duda, pero sin embargo ha llegado hasta nuestros días con los índices de ventas conocidos y con su indudable categoría de producto de éxito. El pirateo de PSP no sólo permitía ejecutar juegos comerciales sino también el llamado “homebrew”, con una amplia gama de emuladores que cubrían incluso (de manera precaria) la Nintendo 64. Es una consola excelente si el uso que le queréis dar es la emulación, pero particularmente me parece penoso el amplísimo campo que la piratería ha encontrado en su desprotección, muy dañina para el mundo del videojuego (y lo mismo digo, multiplicado por varias veces, sobre la Nintendo DS).

La PSP ha dado obras maestras y propias, ha contribuido al concepto de “consola exclusiva” con juegos intransferibles que en contadas ocasiones han dado el salto a la mismísima PS2. Es obvio, se ha nutrido de franquicias “Sony” (igual que hacen por otro lado las portátiles de Nintendo, no nos engañemos) pero al menos se ha traducido en títulos exclusivos y no en “ports” (más bien ha pasado al contrario).
No soy especial fan de la saga GTA, pero es sorprendente poder haber disfrutado de dos auténticos GTA en 3D y además de calidad muy alta (en especial el “Vice City Stories”, con su fantástica banda sonora) más un peculiar GTA: CHINATOWN que proviene directamente de la NDS. Wipe Out se ha lucido con “Pure” y con el vértigo de “Pulse”, concebido para lograr una sensación de velocidad perfecta sin ralentizaciones. La saga “Patapón” ha aportado frescura y diseño a pesar de resultar con el tiempo un tanto aburrida. “Lumines” ha dado una acertada vuelta de tuerca al concepto Tetris uniendo aspecto gráfico y sonoro, multiplicando sensaciones en su segunda parte.

Los dos “God of War” y “Dante´s Inferno” (injustamente infravalorado) nos han puesto una mueca de sorpresa ante el espectáculo audiovisual, aunque no son títulos con una gran profundidad jugable. Dos “Tekken” propios y excelentes, títulos de RPG notabilísimos (echad un vistazo al último “Kingdom Hearts”). Un Metal Gear Solid a la altura de los mejores momentos de la saga, un “Silent Hill” muy digno (Origins) que toma lo más interesante de la saga y provoca inquietud enfermiza, y otro novedoso (“Shattered Memories”) que a mí me parece digno de recordarse como un clásico. Una versión “mini” de “Little Big Planet” (una gran sorpresa) muy conseguida, los exitosos “Monster Hunter” de una complejidad y extensión pasmosas. Un par de sorprendentes “Burnout”, brutales, toda la jugabilidad de los arcades más sofisticados con “Ridge Racer”, propuestas sorprendentes como “Ecochrome” o “Locoroco”, alardes como “Retribution” o “Syphon Filter”. Por supuesto hemos de mencionar el fenómeno “Monster Hunter” que por sí mismo ha sostenido a la consola en un periodo ya de ocaso hasta el punto de propiciar que superara en ventas a su competidora la DS.

Y por último, el interés en los clásicos, recopilaciones de “emuladores oficiales” como Atari 2600, arcades de Capcom, Namco, Konami, y revitalizaciones tan degustables como “Ultimate Ghost´n Goblins” o “Dracula X: Castlevania” que aúnan el sabor añejo con las tecnologías actuales en 3D. Todo ello es una oferta que no ha decaído a lo largo del tiempo (sí, ha tenido bajones) y que demuestra que PSP tiene un nutrido grupo de obras que merecen mucho la pena además de un escogido grupo de obras maestras: es lo que a cualquier consola debe exigírsele y la pequeña de Sony lo ha ofrecido.

Claro, ha tenido errores: el formato UMD ha fracasado en el campo de las películas. Y es curioso que se le haya criticado tanto y que tras el (nuevo error) de la PSPGO todo el mundo lo haya reivindicado. La realidad es que es un formato como cualquier otro y que ha posibilitado altas capacidades de reunión de información. La PSVITA ha apostado por la vía de las tarjetas de memoria en lugar de juegos en Memory Stick, y no sólo eso sino que obliga a su compra por requerimientos de instalación de juegos (son bastante caras) y priva a los usuarios de PSP de la posibilidad de reutilizar sus viejos UMD. No es exactamente un buen comienzo, aunque eso sería objeto de otro artículo.

Soy fan de Nintendo declarado y nunca he sintonizado demasiado con el concepto videojueguil de Sony. No acabo de ver la gracia a machacar botones con el God of War. Pero eso no me impide valorar las cosas en su justa medida: la PSP es una maravillosa consola que sólo alcanzará el estatus de mito cuando desaparezca definitivamente, cuando las baratas pero solventes PSP E1000 desaparezcan de las estanterías y cuando se empiece a evidenciar que la nueva bestia de Sony lo único que va a hacer es trasladar la mediocridad actual a sus pantallas y de paso hacernos añorar aquella consola que llevó la magia de la sobremesa a cualquier parte imaginable.