Desde que el mundo es mundo, el objeto como tal ha tenido un significado, un simbolismo, en quien lo posee. Las almas de los muertos se guardaban en vasijas, y éstas se introducían en sus tumbas como gesto necesario para asegurar un viaje adecuado en la barca de Osiris. No os diré que un videojuego nos proporcione semejante experiencia, pero sí me temo que en el futuro nos vamos a perder algo. Hace unos años hubo ya un amago de lanzamiento de la primera consola que prescindía decididamente de los soportes físicos, como era el caso de PSPGO. Ni siquiera la PSVITA ha intentado llegar tan lejos. Pero todo avanza decididamente hacia el día en el que el videojuego físico deje de existir. Antes de que eso llegue, escribo estas líneas aderezadas de fotos sacadas de mi colección personal.

Seamos sinceros: los juegos originales no son lo que eran. Han pasado por varias fases: una esplendorosa, en especial con la llegada del PC al mercado de los videojuegos, hacia finales de los 80 y principios de los 90. Si tenemos que recordar cómo eran los videojuegos en los primeros años 80 tendríamos que remitirnos a los preciosos diseños retro de sistemas como Atari 2600 (muy coleccionables, incluso con aquellos emblema de las creaciones de Activision), VideoPac (recordemos originales brillantes como Quest of the Rings) u otras máquinas como Vectrex. Ciertamente, con la llegada de los ordenadores personales y la aparición de soportes baratos como el cassette, los juegos tomaron forma, en el mejor de los casos, de estuches de un tamaño apenas superior a la cinta. Por supuesto, por no mencionar las ediciones baratas de Erbe que tanto se popularizaron y que inundaron las casas de lomos rosas, azules y demás. Por supuesto esta situación se contrarestaba con muchos originales que rompían la tónica y nos sorprendían con formatos como el del ELITE o el del SHADOW OF THE UNICORN.

Fue sobre todo a finales de los 80 cuando los ordenadores de 16 bits y los PC comenzaron su dura pugna. Surgen potentes compañías cuyos juegos no son desarrollados por dos tipos en los ratos libres, sino que son grandes producciones cuya importancia se traslada al propio diseño del envoltorio. Es la época de las enormes cajas de cartón y manuales kilométricos (en especial los de los simuladores de vuelo).En España hubo una elogiable tradición de ofrecer juegos en llamativas cajas de cartón, aderezadas con ilustradores como Luis Royo.

Poco a poco viviríamos la vuelta a la simple caja de CD, la estandarización del estuchito de plástico tipo “PS2”, que…bueno…en fin… no es gran cosa; y la vuelta a las “ediciones coleccionista”, que es ni más ni menos que regresar al esplendor de antaño pero usándolo como excusa para cobrarte más. ¡Pero si hace 20 años ya nos daban eso “de serie” y sin sobrecostes! En la época actual, si exceptuamos estas ediciones de coleccionista (algunas de ellas absolutamente deslumbrantes como la del Starcraft II, Bioshock 2 o Diablo III) no hemos salido del miniestuche de PS3 o las cajitas de plástico de DS, con alguna honrosa excepción en la que el original se adorna con alguna caja de cartón que por supuesto contiene nuevamente la caja de plástico, a modo de “muñecas rusas”.

Se está instaurando la descarga digital como una vía definitiva e imparable, revelándose como otro paso hacia el mantenimiento de precios a cambio de nada. Ahora ya no tenemos ni CD, ni carátula impresa, ni manual (los cuales ya nos los escatiman con la excusa de que en el CD o en la web ya está el PDF). Reducción de costes, aumento de beneficio, y el usuario recibiendo cada vez menos. Hay que mantener los gigantescos costes de los grandes estudios, que bajo mi punto de vista están abocados a la desaparición en su mayor parte.

Un aspecto de esta reducción de costes que me ha llamado mucho la atención es el de los “aligeramientos” de los estuches de plástico en forma de agujeros o zonas con un grosor cercano al del papel de fumar. Optimización total incluso del contenido en plástico. Ahora mismo sería factible atravesar más de un estuche con un simple lápiz ya que bajo la carátula es probable que haya un simple y mísero agujero.

Hace 30 años, todo era “original” porque el videojuego era un objeto, algo que no se enchufaba a la TV. El hardware y el software podríamos decir que era lo mismo. Sólo tenemos que pensar en los juegos electrónicos, en las “Game and Watch”, en los primeros arcades. Por supuesto, esa disociación llegó muy pronto, y el “envoltorio” de un simple cassette de un ordenador de 8 bits podía ser la diferencia entre unas buenas ventas o la imagen de una distribuidora cutre que vendía sus juegos en una vulgar caja de plástico.

Así que el original, sin duda, contiene el alma del videojuego. Contemplar las preciosas ilustraciones de Ultimate es una forma de re-disfrutar el ambiente que rodea al juego, su diseño, su contexto cuando salió a la venta, rememorar el instante en que fue cargado por primera vez. Leer los manuales-libro de F22ADF te preparaban para una experiencia de vuelo de combate pocas veces vista hasta la época. Y ya sé que el Left 4 Dead sin Internet no tiene mucho jugo y que casi todo el juego es descarga, pero es complicado evitar comprar el juego original y no a través de Steam. Una aventura de LucasArts no sería lo mismo sin sus ilustraciones en aquellas preciosas cajas, sus ruedas de códigos plagadas de piratas, sus manuales. Aunque descargues el Secret of Monkey Island Remake, … ¿no te quedarías mejor con el original de la foto y sus discos de 3”1/2?

Quizá el videojuego original esté destinado a desaparecer, al igual que no se estilan ya los CD originales que mueren frente al mp3. Adiós a esos folletos con las letras de las canciones, o a las preciosas fundas de los vinilos. Pero al menos sed usuarios concienciados y haced siempre una cosa: negaros a pagar lo mismo por una edición digital que por una física. Es nuestra obligación clarificar con exactitud a los distribuidores lo que como demandantes estamos dispuestos a pagar por un producto que, siguiendo los estándares de los últimos 30 años, está sencillamente incompleto.