Que los japoneses están como una cabra no es algo que vayamos a descubrir ahora en pleno verano de 2012. Es una sociedad tan diametralmente opuesta a las que estamos acostumbrados en occidente que muchas de las cosas que contemplamos de aquellos fueros directamente no las entendemos; ya sea una tienda para alquilar gatos por horas y jugar con ellos en una habitación, ya sea la Pepsi de pepino.

Y sin embargo, entre tanto colorido y luces de neón, igualmente nos fascinan todas ellas.

Monsters Ate My Condo podría pasar por una caótica creación nipona si no fuera porque PikPok son más neozelandeses que algo que sea muy típico de Nueva Zelanda; y bajo la tutela de los casi siempre acertados Adult Swim han sido capaces de llevar a los ecosistemas de iOS y Android una de las experiencias más viciantes que pueden disfrutarse en un dichoso Smartphone.

Tirando por la del torero de Ubrique, Monsters Ate My Condo solo puede definirse con dos simples palabras: puta locura. Y aunque no haya estado nunca en Tokio, imagino que el primer día en la ciudad debe ser una especie de Monsters Ate My Condo muy a lo grande: toda una bomba atómica para el cerebro en forma de luces, colores, cosas moviéndose para llamar tu atención y tú mismo dentro de esa vorágine muy loca pasándolo de fábula sin saber realmente en ningún momento qué cojones estás viendo, haciendo, tocando o lamiendo.

Se podría decir que la mecánica de Monsters Ate My Condo es tan básica como alimentar a unos monstruos mutantes rojos, azules, verdes y amarillos con las plantas de una torre de pisos que sean coincidentes con el color del bicho al que se las mandemos, al mismo tiempo que transformamos combos con las otras plantas de colores restantes y evitamos que nuestra torre caiga desmoronada; pero estaría siendo injustamente simple.

Cada combo creará un power-up de bronce, que al unirse tres de ellos crearán uno de plata, cuya conjunción de tres unidades darán a luz uno de oro, que unidos de tres en tres darán como resultado uno de diamante. Enviar uno de estos power-ups a uno de los bichos mutantes equivaldrá a que lo ejecute cada uno con un distinto tipo de poder que nos vendrá mejor o peor dependiendo de la consistencia de nuestra torre de edificios.

Y entre todo este vaivén de containers de colores, los puntos.

Si de algo pueden presumir iOS y Android es de juegos casuales perfectos para que se nos duerma el culo en la taza del water intentando superar nuestros propios récords picándonos con nuestra propia habilidad para con el jueguecito de marras correspondiente. Los ejemplos se pueden contar a puñados: Fruit Ninja, Piyo Blocks, Temple Run, Jetpack Joyride, Tilt to Live, Doodle Jump, Mr. Ninja

Monsters Ate My Condo entra directamente en ese selecto club de comebaterías a base de desconcentrarnos con gritos, soles de neón, gatos y un sistema de puntuación que el CERN ha comenzado a estudiar ahora que el LHC ha quedado libre tras el descubrimiento del inefable bosón. Y es que lo mismo nos tiramos varios minutos para conseguir unos míseros cientos de miles de puntos que nos cascamos treinta mil millones en apenas unos segundos vaya usted a saber por qué.

Pero a quién le importa no enterarse de la misa la media si el juego es diabólicamente entretenido. A quién le importa que los cartelitos en Japón estén en perfecto japonés si babearemos igualmente paseando por Akihabara. A quién le importa que suba el precio de la droga si por 0.79€ tenemos Monsters Ate My Condo.