Tras el Holocausto McMierdas hoy toca hablar de la vida en pareja. Ese sinuoso camino hacia quién sabe dónde; ora lleno de suave arena de playa en la que hundir cómodamente los pinreles al caminar, ora lleno de chinchetas oxidadas pegadas al asfalto. Ni qué decir tiene que después del de Portal 2, es el modo cooperativo más intenso, divertido y emocionante que existe.

Fireboy and Watergirl es una entretenida alegoría de todo ello en forma de pequeños puzzles que deberemos resolver junto a otra persona con la que compartir durante un rato nuestra vida y nuestro teclado, con el que controlaremos, flechitas y WASD mediante, a los dos monigotes del juego.

Al más puro estilo de The Lost Vikings, cada personaje tendrá que poner a disposición del compañero sus cualidades para con cada pantalla. Ya saben de qué va el tema: solo el chico de fuego puede pasar por un torrente de lava para pulsar el botón que active una rampa que permita a la chica de agua cruzar sin problemas el río infernal.

Por supuesto, como en la vida misma, la confianza no es moco de pavo, y en ocasiones tendremos el destino de nuestro compañero en nuestras propias manos. El simple hecho de apartarnos de una palanca puede provocar que nuestro adlátere se evapore como gota en el desierto o que quede encerrado en una habitación sin salida alguna.

Puede ser divertido. Qué diantres, lo es. Putear al prójimo por mera diversión pertenece a la misma esencia humana. Pero en el momento en el que nos percatamos de que el leit-motiv de todo esto es llegar juntos a la meta para que se abra el camino hacia el siguiente nivel, uno se da cuenta de que hay que cooperar en condiciones para poder avanzar y que la cosa llegue a buen puerto.

Por todo ello, la trilogía de Fireboy and Watergirl, al igual que el sexo, es más divertida si se practica en compañía. Claro está, podemos también jugar en solitario, guiño, guiño, pero el asunto perderá en comparación casi toda la gracia y atractivo.

No lo duden. Si además de un rato libre tienen cerca a otro miembro de su misma especie, no es mala cosa echar unas partiditas a este título tan simple como efectivo.

Y si por lo que sea no le gusta, no pasa nada. No todo el mundo está hecho para soportar el calor humano. Alquile un pequeño ático, adopte veinte o treinta gatos y a vivir, que son dos días.