De mano de los expertos de Micromanía (bueno, de sus traductores) nos llega una nueva entrega de la edición española de la revista RetroGamer, que como sabemos es todo un referente mundial desde que apareció en su país de origen, Guayominí dú puá (es decir, UK. Perdón por la traducción eurovisiva).

Vamos ya por el número 3: recordemos que la revista aparece cuando más o menos le sale de la gaita a los expertos de Micromanía, pero menos es nada. Se comprende que una revista tan arriesgada comercialmente hablando es complicada de programar, y más aún con la crisis que acucia a todos los grandes grupos editoriales. Bastante es que salga con cierta periodicidad.

Porque hay que aclarar que por encima de críticas o desavenencias (porque me voy a explayar a gusto) hay algo que debe quedar claro: es fantástico que esta revista salga en España. Incluso con la edición actual, es igual. Para los que no conozcan la edición inglesa más aún, porque recibirán una densa inyección de contenidos muy apreciables aunque algunos de ellos sólo interesen a los ingleses por la falta de cribado de los editores españoles. Sufrirán igual la edición española y sus penurias, aunque con más alegría.

Dicho esto, este número 3 nos trae un par de fastuosas novedades. La primera de ellas es que nos ofrece la misma calidad de contenido condensada en menos páginas. Eso dirían los editores, supongo. O por decirlo de otra forma, pasamos de 180 a 148 páginas. Así en números redondos, como un 20% menos.

La segunda novedad es que al menos han tenido la deferencia de compensar la faena de las páginas… subiendo un euro el precio. De 5,95 a 6,95. En números redondos, un 15% más. Así que supongo que de buenas a primeras podríamos afirmar que del número 2 al número 3 la edición española de RetroGamer ha pasado a ofrecernos un 20% menos por un 15% más, un trato bastante poco alentador para retener lectores. El tipo de lector que quiere atesorar esta revista realmente pone mucha buena fe en su compra, pero es probable que el salto de fe que propone Axel Springer sea más propio de Indiana Jones que de un español de ingresos medios (en caso de tenerlos…).

Hay otro tema: el papel. Ya era bastante peor que la de la revista “madre” inglesa, pero lo de este mes se acerca peligrosamente a la calidad del papel de fumar. Mi ejemplar, en sólo dos días, ha empezado a generar en su (escaso) grosor unas ondulaciones que dicen poco de su perdurabilidad. El lector de RetroGamer quiere atesorar estas revistas, conservarlas, no que se autodestruyan a la segunda relectura. Cuidado con las caídas accidentales porque pueden provocar marcas irreversibles. Es una pena que en páginas dobles de colores planos que son auténticas obras maestras de la maquetación aparezcan transparencias de cosas que están detrás. La calidad de impresión, comparada con la original (he puesto los mismos artículos ingleses junto con los españoles) tampoco llega al mismo nivel aunque es pasable. La parte buena es que no hay publicidad, amigos. Incluso los interiores de cubierta están desconcertantemente blancos: hombre, no pasaba nada por poner un dibujín o algo.

Los contenidos son una selección de los originales ingleses, convenientemente traducidos (y bien traducidos) con criterios tan aleatorios como los que rigen cada mes la revista original. No obstante no existe un criterio adaptado a nuestro mercado, lo que significa que nos encontramos con lo siguiente:

  • Interesantes especiales como el dedicado a Tomb Raider, Sabre Man o Prince of Persia, realmente buenos.

  • Reportajes sobre juegos bastante anodinos o más del interés de los lectores ingleses. Hablar sobre Hewson o Durell está bien, pero ¿Dynamix? ¿DMA? Hay cientos de alternativas en números ingleses ya editados que hubiesen resultado más interesantes.

  • Ninguna mínima concesión a contenidos propios. ¿Para qué hay expertos de Micromanía que no ejercen como tales? La (incompleta) entrevista a Víctor Ruiz fue un espejismo. ¿Es que no se podía haber hecho un obvio especial a Topo Soft (por ejemplo) ahora que cumplen por todo lo alto 25 años? ¿Cuesta tanto recopilar e incluir referencias de la propia Retrogamer a juegos hispanos como Game Over o La Pulga, que incluso tiene entrevista (en inglés) a sus autores?

  • Esas caras al comienzo de algunos artículos, al modo de la edición inglesa… ¿quiénes son? ¿tienen nombre? ¿son los autores? ¿los traductores? ¿son fantasmas de Marte?

Se pueden sacar interesantes conclusiones de todo esto. Primero, no paséis páginas demasiado deprisa no os vayáis a quedar con ellas en las manos. Y segunda, a este paso no van a salir los números suficientes como para que haya coleccionistas españoles como la señorita de la foto.

Pero aparte de esto: señores de Axel Springer, tienen en sus manos una revista que puede venderse muy bien. Apostaría a que lo está haciendo. Es cierto que puede que no soportara una periodicidad mensual, no pasa nada, pero cierto nivel de compromiso con las salidas podría ser una deferencia hacia el lector. También es una deferencia no hacer cosas que puedan entenderse como una tomadura de pelo, y lo de este mes con las páginas y el precio lo ha sido. No nos importa pagar 7 euros (precio superior a la edición inglesa) si al menos contamos con un papel que pueda perdurar en el tiempo y se toman alguna molestia para “localizar” la edición. Un poco de mejor selección añadido a un poco de dedicación a nuestra propia historia del videojuego. Esta revista es para coleccionar, no para usar y tirar: si no lo entienden así dejen de editarla porque no comprenden la naturaleza de la publicación.

Si entienden ustedes al lector, si entienden ustedes la filosofía de RetroGamer, tendrán una revista que triunfe.

Si no, van a perder sus lectores. No sé si tras este número 3 es ya tarde, ojalá que no.