Super Nintendo, la mítica consola de Nintendo, fue especialmente fecunda en obras maestras y además en cualquier género. Los habitualmente llamados “matamarcianos” no fueron una excepción, como prueban SUPER R-TYPE, PARODIUS o DARIUS. Sin embargo AXELAY ocupa un lugar privilegiado en esta lista por méritos propios: un juego brillante, diferente y siempre con capacidad para sorprender.

AXELAY ha sido sistemáticamente reconocido por críticos y revistas especializadas como uno de los 20 o 25 mejores juegos de SNES, y es que Konami asombró a propios y extraños con este cartucho que vio la luz en 1992 fruto del trabajo de Hideo Udea y que los usuarios norteamericanos de Wii pueden disfrutar en la Consola Virtual.

AXELAY es un despliegue impresionante audiovisual plagado de efectos de todo tipo y con un aspecto sonoro fantástico. Pero lo que hace especial a esta creación de Konami es que combina con maestría fases en vertical con fases en horizontal y todo ello con un personalísimo toque visual, distintivo de este título. Y aludimos en concreto a las fases verticales: el juego logra un efecto bestial de profundidad con el famoso “Modo 7”, dando la sensación de que pilotamos sobre un planeta esférico. El resultado aún hoy día es fantástico y muy particular. Es cierto que al lado de las tecnologías actuales parece un efecto anacrónico, un “apaño” en suma, pero ni siquiera hoy día podemos dejar de disfrutar del planteamiento de estas fases y de su variedad y calidad.

Pero AXELAY no es sólo las fases en Modo 7: sus capítulos con scroll lateral nos apabullarán a base de múltiples planos de profundidad, escenarios brillantes y momentos que pasarán a la historia de los shoot´em up.

Pasemos a repasar brevemente las seis fases de las que consta el juego:

- Planeta inicial, una fase en Modo 7 (como todas las impares) en las que sobrevolaremos una especie de superficie acuática con islas, nubes y unos desfiladeros de roca plagados de minas. Al llegar al final penetraremos en una especie de estructura donde nos aparecerá una enorme araña mecánica que cubre casi el 50% de la pantalla. No es especialmente difícil de superar pero su belleza y su ejecución técnica (con decenas de gráficos articulados) nos harán recordarlo siempre. La música que acompaña la acción es absolutamente mítica.

- Base aérea: en una fase horizontal, nos introduciremos en una grandiosa estructura espacial con unos fondos compuestos de multitud de planos de profundidad. Tendremos la sensación de estar en una especie de mundo cilíndrico que flota en el espacio (al más puro estilo “Rama”), hasta llegar al núcleo en el que nos aguarda un jefe fuertemente inspirado en “Robocop”. Este jefe cuenta también con efectos como la rotación de su cabeza mientras intenta fulminarnos con un monstruoso rayo.

- Superficie nocturna del planeta: sobrevolaremos de nuevo un planeta superpoblado, con una enorme ciudad a lo Blade Runner bajo nosotros. A pesar de no ser la más brillante tiene momentos geniales como una zona de cráteres o un laberinto aéreo de tuberías, por no mencionar al jefe final. Éste será en esta ocasión un gigantesco y frenético platillo volante que se transformará, desaparecerá y hará todo tipo de diabluras para acabar con nosotros.

- Las cuevas: fase en horizontal que para muchos es la mejor del juego (no para mí, que siempre mostraré preferencia por la primera y la quinta) con geniales detalles como el sonido del “eco”, o el agua salpicando al volar sobre la superficie del lago subterráneo. Cientos de criaturas perfectamente dosificadas intentarán acabar con nosotros hasta llegar al gigantesco monstruo final. Una delicia.

- La fase de lava: la despedida del Mode 7 en forma de apoteosis volcánica, con gusanos tipo Dune que querrán arrancaros las alas y un jefe final inolvidable. De pronto la lava se abre en un efecto genial y aparece un engendro de lava que intenta aplastarnos con sus enormes brazos. Su figura amenazante es la mejor manera de definir gráficamente este grandioso juego y no en vano fue elegido por Retro Gamer para adornar una de sus portadas.

- Última fase, la “armada enemiga” al completo: no habrá respiro, cruceros espaciales se abalanzarán contra nosotros hasta penetrar en la mismísima base enemiga. Todo concluirá con la aparición del jefe definitivo, un alien cambiante que nos atacará de diversas formas y nos perseguirá frenéticamente en la escena final hasta que consigamos huir (o no) por los pelos.

Un sistema de elección de arma antes de cada fase otorgará una cierta variedad a nuestros ataques aunque no usaremos más de cuatro o cinco distintas durante la partida, las más fiables. Podremos intercambiarnos entre tres distintas: si nos impacta un proyectil, perderemos la que estamos usando, pero si chocamos contra un obstáculo o una nave desperdiciaremos una de nuestras preciadas tres vidas. Sí, tendremos alguna continuación, pero serán escasas para la dificultad del juego y más de una vez veremos el temido mensaje de “fin de partida” con un planeta llameante al fondo.

La música: inolvidable, con brillantes composiciones de Taro Kudou, digna de sistemas actuales (de hecho, todo el apartado sonoro parece propio de una recreativa actual: voces digitalizadas, explosiones, etc…). Digna incluso de contar con su propio disco y ser escuchadas como si de cualquier composición se tratara. La música de la primera fase, para enmarcar dentro de los mejores momentos de la historia sonora del videojuego. Perded un ratito en escuchar esta versión guitarra eléctrica en mano (segunda fase), aunque os advierto que podéis quedar pasmados sin retiraros del monitor. Fantástica.

Se le achacó quizá la poca duración, pero os aseguro que no es así: volveréis a él una y otra vez hasta que consigáis dominarlo. Por favor, jugadlo aunque sea en emulador: será una experiencia de la que no os arrepentiréis. Konami exprimió el “Cerebro de la Bestia” tanto como era posible. Para mí, este juego es uno de los TOP 5 de SNES.