¡Querida Juni!

El lugar donde vivía solía ser precioso, pero se convirtió en un sitio gris y sin vida de la noche a la mañana. ¿Le ha pasado lo mismo al tuyo?

Dentro de una cueva, al este de donde vivo, fue construida una gran máquina. Sospecho que fue creada para eliminar todo atisbo de vida en el mundo.

A pesar de que me gustaría entrar en ella y desconectar la máquina, un monstruo está bloqueando la entrada de la cueva. ¿Es posible que conozcas alguna manera de evitarlo? ¡Por favor, ven y encuéntrate conmigo!

-Henna

Absurda y simple. Así se presenta, antes de empezar a jugar, la historia de Knytt Stories. En forma de carta y a lo largo de varios pantallazos donde clicaremos el botón de continuar casi por inercia, como quien instala en el ordenador un programa cualesquiera.

No preocuparse. Es lo de menos.

En Knytt Stories, tener que desactivar un aparato que está destruyendo medio mundo solo es la principal excusa para explorar a ritmo plataformero cada uno de los recovecos del vasto terreno que se nos ofrece. Ojito: linealmente.

Esto es, no tendremos acceso a todo ese laberíntico mundo nada más empezar. Deberemos ir explorando por zonas toda la superficie en busca de power-ups que nos permitan continuar nuestra andadura a lo Marco Polo por las tierras de Knytt.

Para poder escalar una mísera montañita necesitaremos el superpoder para trepar paredes, que conseguiremos al sortear un foso de agua chunga gracias al místico poder del doble salto que lograremos dejándonos llevar por una corriente de aire con la ayuda de un paraguas que obtendremos gracias a… y así hasta que tengamos la capacidad de distraer al bicho que custodia la entrada a la dichosa maquinita.

Todo en un mapa lógico, coherente y muy bien pensado.

Y es que en ese momento en el que aprendamos cada una de estas técnicas, nos metamorfosearemos en Neo soltando al aire un “YA SÉ TREPAR”, para posteriormente empezar a corretear y a saltar por ahí, agarrándonos a cualquier saliente que recordemos de nuestras anteriores exploraciones y correteos.

Dicho esto, una persona medio normal pensaría que Insanely Twisted Shadow Planet, (que lo petó muy mucho en XBLA y que se estrenó hace unos días en Steam), lo único que hizo fue coger a Knytt Stories, meterle graficotes en HD y cambiar la rata trepa-paredes por una nave espacial; pero como aquí somos de todo menos normales, no nos atreveremos a soltar el exabrupto.

A cambio, diremos que Nifflas, del que ya hablamos por aquí hace un par de semanas, se cascó en su día un jueguecillo mucho más humilde con el que disfrutar bastante durante algo más de una hora. O días, teniendo en cuenta el ecosistema que se creó en torno a su editor de niveles.

¿Qué más se le puede pedir a un juego entretenido, con pixelacos de los gordos y con una banda sonora electrónica a la par que minimalista con la que amenizar la experiencia?

Pues que sea gratis, claro.