Ante un título como Mass Effect 3 sobrán los análisis cual manual de instrucciones. Estamos ante una franquicia emocional como ella sola, donde la implicación para con los personajes y su universo resulta tan inevitable como meritoria. Ahí radica el gran triunfo de BioWare, que cinco años después culmina su proyecto más ambicioso.

A los recién llegados una advertencia: podéis lanzaros sin miramientos a este tercer capítulo, pero cometeríais el error de obviar dos entregas imprescindibles. La primera por su labor contextual y la segunda por la empatización con una cuadrilla que en Mass Effect 3 retorna afecta por nuestras muchas decisiones.

Mass Effect ha de jugarse de principio a fin. Solo así disfrutaremos de la primera trilogía en discurrir en torno a una misma partida de guardado. Nuestro elecciones, estilo de juego y trato al resto de personajes diferirán la experiencia de un jugador a otro, arrastrando premisas hasta esta última iteración.

Mass Effect 3 mejora a sus anteriores en todo lo posible. Como la segunda entrega, es un título claramente enfocado a la acción, perdiéndose las dosis de exploración con que coquetease el original. Sin embargo, se muestra benévolo con las preferencias del jugador, permitiéndole calibrar la jugabilidad a su gusto: podemos disfrutar de la trama, convirtiendo los combates en mero trámite o bien potenciar los tiroteos, optando por la selección automática de diálogos.

Además de comprensivo, ME3 es mucho más expresivo que sus predecesores. El hierático Shepard de antaño ahora es un hombre copado de sentimientos entre la angustia y la compasión. Su rostro refleja toda clase de emociones, haciendo del tercer comandante el más empático de la serie. La trama se encarga de probarlo ya desde sus primeros compases, cuando los Segadores invaden la Tierra y un asustadizo niño rehuye nuestro socorro.

Los lineales combates de ME2 han dado paso a batallas mejor planteadas, acontecidas en escenarios diseñados para evitar la monotonía del cúbrete y dispara. A ello sumamos enemigos más inteligentes, expertos en el acecho y acorralamiento de nuestro escuadrón, que también podremos enfrentar en el cuerpo a cuerpo. Refriegas mucho más divertidas, dinámicas, aunque también directas: las misiones arrancan sin mucho miramiento, consistentes siempre en atravesar instalaciones liquidando a cuanto se nos ponga por delante (la mayor variedad enemiga es otro punto a favor).

Hablábamos de exploración, de lo que se echa de menos la que en principio creímos principal seña de identidad de Mass Effect. Pues bien, este último capítulo es quizás el que más prescindible la haga. Se nota la prisa de BioWare por contar su historia, sin perdernos en estancias secundarias o conversaciones accesorias. Sí, aún podemos hacerlo, pero las misiones principales invitan a recorrerse de una sentada, ensimismados como estamos en la épica trama.

Hemos de evitar que los Segadores aniquilen la Tierra y cuanto antes desentrañemos la tecnología proteana que nos lo permitirá, mejor. No apetece en demasía interrumpir los acontecimientos con misiones secundarias (la mayoría centradas en Cerberus). ¿Es malo que Mass Effect 3 vaya al grano? No lo creemos. Las misiones cruciales nos llevarán unas 20 horas de juego y siempre podemos jugar el relleno una vez alcanzados los títulos de crédito.

Respecto a la toma de decisiones, pilar de la franquicia, creemos que ME3 es la entrega que presenta los dilemas morales más interesantes. Creeréis estar ante una secuela de Heavy Rain, por lo mucho que os harán dudar. Si os equivocáis lo lamentaréis, garantizado.

No tanto (y aquí viene la polémica) de cara a la conclusión del juego, acusada de incongruente y escueta sin importar nuestras decisiones. En lo personal, siempre he pensado en Mass Effect como una aventura en conjunto, donde importa más el viaje que su término. Sea como fuere, el final de ME3 no os dejará indiferentes, lo que ya de por sí es un éxito.

Técnicamente hablando, el juego se sitúa entre los más lucidos de la generación. Obviamente no enmudece como en 2007, pero se han pulido todos sus defectos, especialmente el retardo en la carga de texturas (tiempos de carga en general) y las puntuales caídas de framerate. El doblaje, nuevamente magistral.

Ojo también a su banda sonora, compuesta por Clint Mansell (Requiem por un Sueño), de las que ponen el vello de punta. Sin duda, la defensa final de la Tierra perdería epicidad sin los compases de este genio.

Poco más hay que añadir. Mass Effect 3 emociona como el que más, ya sea por la empatía con sus protagonistas o los complejos dilemas que presenta al jugador. Técnica y jugablemente refinado al extremo, sabe adaptarse a las preferencias de cada cual, convirtiéndose en una experiencia tan única como difícil de olvidar. Críticas sobre su ending aparte, nadie puede dudar que inmiscuirse en esta ópera galáctica ha merecido (y mucho) la pena.