Situémonos a principio de los noventa. Las olimpiadas de Barcelona estaban a punto de comenzar y en los salones recreativos de todo el mundo estallaba un género que durante años estuvo allanándose el camino hacia el éxito.
El género del que os hablo creo que no necesita presentación, ya que la gran mayoría habrá crecido con él y los más infantes del lugar están ahora viviendo su segunda juventud, pero si a pesar de todo aún tienes alguna duda, os diré que estoy hablando de los populares juegos de lucha. O como son conocidos en el idioma anglosajón, los Fighting Games.

Atrás quedaban años de jugar a clásicos inconmensurables como Tiger Heli, Shinobi, Out Run, After Burner, Vigilante, Double Dragon, etc… Ahora lo que estaba de moda era “curtirse el lomo” con tu amigo o con todo aquel que estuviera dispuesto a retarte a cualquiera de los muchos juegos de lucha que invadieron los recreativos de debajo de tu casa.

A todo este revuelo montado alrededor del género hay que darle las gracias a Capcom y su flamante  Street Fighter II, recién estrenado en 1991. Un título sin duda referente que dominaría la época, no sin pocos rivales. Y, precisamente, es de uno de esos rivales sobre el cual hoy hablare aquí.

Viendo las ganancias que Capcom estaba generando gracias al título, numerosas fueron las compañías que se subieron al carro del desarrollo de juegos de lucha, siendo SNK una de las mayores competidoras con las que Capcom tuvo que lidiar. Muchos fueron los títulos que SNK pondría en el mercado, pero solo unos cuantos se han quedado grabados en nuestros corazones y han resistido el paso de los años. Samurai Showdown, World Heroes, Art Of Fighting y por encima de todos ellos, Fatal Fury o lo que es lo mismo: el germen de lo que después se convertiría en King Of Fighters.

Fatal Fury nos cuenta, muy por encima, la historia de Terry y Andy Bogard, dos hermanos que siendo niños perdieron a su padre adoptivo, Jeff Bogard, a manos de Geese Howard, el capo de South Town. Ahora, Terry y Andy, junto al kickboxer japonés Joe Higashi, piensan entrar en el torneo The King of Fighters, que el propio Geese organiza en South Town, para vengar a la muerte de su padre. Y digo muy por encima ya que en ningún momento se nos cuenta la relación entre Tung-Fu Rue y Terry o el porqué de Joe Higashi en el torneo y la relación que tiene con ambos hermanos.
Para todo ello tendremos que tirar de los comics/manga o anime de la época, que nos lo detallan todo muy bien.

Así que sin más preámbulos vayamos a lo que realmente nos interesa, que dio de sí Fatal Fury allá por los años 90 y como aguanto la embestida que por aquel entonces realizaba Street Fighter II, juego que sin duda era el rey de los salones recreativos.

Hacer una comparativa Fatal Fury Vs Street Fighter sería un suicido, ya que a mí entender, el juego de Capcom es superior en casi todos los aspectos, pero no por ello tenemos que pensar que Fatal Fury es una simple copia mas de las muchas que proliferaron con la llegada del rey.

Garou Densetsu, titulo con el que era conoció por las tierras niponas, llegaba cargado de novedades que luego con las respectivas mejoras han sido copiadas en otros juegos posteriores. A nivel gráfico he de decir que el titulo de SNK impactaba desde su primera visualización, escenarios coloristas y llenos de vida y unos luchadores bien definidos y que en ningún momento desentonaban con el resto del juego. Y he aquí donde nos encontramos con la primera de las novedades. A pesar de ser un juego que se desarrollaba en 2D, Fatal Fury jugaba con una, digámosle, falsa tridimensionalidad, ojo no confundir con que en algún momento el juego pasaba a tener una visión como juegos posteriores, véase Tekken o Soul Calibur. Este efecto era tan simple como que realizando un comando, bien fuese nuestro luchador o el rival, ambos se lanzaban hacia un segundo plano interior. Mas allá de un simple efecto óptico, esta novedad podía ser utilizada para esquivar al rival, esquivar sus golpes especiales o atacar a nuestro oponente saltando desde el fondo del escenario hacia el plano principal o viceversa. Esto ayudaba a que los combates fuesen un poco más divertidos y dinámicos que el de su rival, pero no ha sido algo que a posteriori las compañías hayan apostado por ello. Otra de las novedades que incluía era la transición entre el día y la noche o la llegada de fenómenos meteorológicos según el round en el que nos encontramos, pudiendo empezar el combate en un escenario con fuerte viento y acabar jugando bajo una densa lluvia, por poner un ejemplo, algo que era muy de agradecer ya que “rompía” con la repetitividad de escenarios que otros juegos solían tener.

A nivel musical el juego se encontraba a años luz de su rival en cuanto a música se refiere, canciones como la de Guile, Ken o Ryu, se han quedado grabada en nuestros corazones y cabezas, mientras que si le decimos a cualquier jugador que nos tararee una melodía de Fatal Fury, pocos o ninguno sabrán hacerlo. Pero no por ello no hay que hacer mención a dicho apartado, ya que las melodías que nos encontramos son de los más variadas, pudiendo encontrar desde riffs de guitarras a música brasileña. Todas se adaptan a la perfección y en ningún momento desentonan con el desarrollo del juego.

Y llegamos a la parte donde el juego a mi entender hace bastante agua. El titulo de SNK desechaba la formula de los 6 botones, 3 para puños y 3 para patadas de distinta intensidad y lo simplificaba para que el jugador solo usara 3 botones para realizarlo todo, uno para el puño, otro para la patada y el 3er y ultimo botón para realizar los agarres. Con esto ganábamos en simplicidad pero perdíamos la opción de realizar golpes de diferente intensidad e incluso enlazar algún combo (aunque por aquella época no estuviera tan de moda como ahora).

Otro de los puntos negativos es la cortísima plantilla de selección de personajes y unos rivales que, aunque variados, carecían del carisma necesario para calar hondo en nuestros corazones.

Como titulo de la exclusiva y prohibitiva Neo Geo, solo unos pocos afortunados podían disfrutar de Fatal Fury lejos de los salones recreativos, mientras que el resto de los mortales tendríamos que seguir gastando monedas y monedas de 25 pesetas para poder disfrutar de unos combates, bien en solitario o compitiendo con la fauna que allí se juntaba. Pero ya sea por la gran catidad de rezos que muchos usuarios lanzamos al divino o por la visión de SNK de poder hacer llegar su titulo a la mayor cantidad de usuarios posibles, pronto los usuarios de Mega Drive y Super Nintendo pudimos disfrutar de una conversión que si bien no igualaba la calidad, por razones obvias, de la versión original, dejaba claro lo que todos sabemos: si se le pone ganas y se trabaja bien, las conversiones de juegos no tienen por qué ser un suplicio.

La compañía encargada de sendas conversiones sería TAKARA y tengo que decir que el trabajo roza lo magnifico, tanto en el aspecto gráfico como en el sonoro, siempre teniendo en cuenta las limitaciones de ambas consolas y es que fruto de esta magnífica conversión pudimos volver a ver en lo sucesivo mas títulos de Neo Geo porteados a estas consolas, destacando entre otros Art Of Fighting, Samurai Shodown o la segunda parte de este título que hoy os traigo aquí.

A dia de hoy no hace falta tener una Neo Geo, ni que desempolvemos nuestras viejas consolas de 16 bits para disfrutar del juego, ya que podemos encontrarlo en multitud de plataformas disponibles, bien sea en emuladores para PC o mediante su descarga para las consolas de nueva generación como PlayStation Portable, PlayStation 3, Xbox 360 o Wii.

Así que si eres un jovencito al que Operation Wolf le suena a chino y no has llegado a conocer la época dorada de los salones recreativos, no lo dudes ni un segundo y hazte con este imprescindible de la lucha en los años 90.