Pues fíjate tú que por cosas de la vida hoy vamos a hablar del bueno de Sonic Blast Man. No le tocaba. Bueno, para ser sinceros debo reconocer no sin cierta vergüenza que ni si quiera estaba en mi lista negra. Ha tenido que ser gracias a los amigos de Machacándonos el Joystick el que me acuerde de tan loable héroe. Vía Twitter preguntaban personajes injustamente olvidados y dándole vueltas a la maquinaria he recordado a tan esperpéntico señor.

Ciertamente olvidado y no sé porqué, ya que si Taito juntó las narices suficientes para en su día crear una franquicia sobre él no entiendo porqué nadie ha intentado devolverlo a la vida. Seguro que los pocos que os acordéis del friki de Blast será debido a las dos geniales entregas de SNES, pero hubo un título anterior que ya intentó vendernos la moto del rubiales con guantes de boxeo.

Sonic Blast Man (arcade)

Sonic Blast Man para arcades no es un juego al uso. De hecho no tiene nada que ver con las nombradas entregas para El Cerebro de la Bestia. La coin-op de Taito nos hacía enfundarnos los guantes de Blastman literalmente y liarnos a puñetazos contra enemigos virtuales. Sí, literalmente también. Un curioso cabinet nos hacía las veces de saco de boxeo mientras por la pantalla se nos presentaban distintos rivales a los cuales debíamos derrotar a tortas con tan sólo tres oportunidadesde impacto.

Un punkarra, un camión, un edificio, un cangrejo amigo de Godzilla y un asteroide planetario serán los objetivos de nuestra furia. Primero deberemos defender a una bella damisela de las sucias y asquerosas manos del susodicho punk. El camión realmente deberemos frenarlo para que no atropelle a un bebé mientras que el cangrejo gigante hace peligrar un crucero. El pobre edificio lo único que ha hecho es ser la base de operaciones de un grupo terrorista. Por supuesto que el asteroide lo que quiere es colisionar con la Tierra y destruirlo todo. Toma ya.

Podéis creerme cuando os digo que ver en 1990 a todo lo mejor de los usuarios habituales de los salones recreativos (mayormente gitanos, garrulos y macarras) discutiendo por ver quién era mejor y daba el puñetazo más gordo es realmente uno de los placeres de la vida. El que suscribe ha llegado a ver auténticas barbaridades, incluyendo sangre y manos rotas, pero eso es otra historia…

En definitiva esta máquina sería algo así como una puesta al día de las atracciones de feria que todos podemos ver en las fiestas del pueblo rodeadas de mascachapas deseosos de demostrar lo machotes que son. La testosterona, ya se sabe. Una japonesada muy freak que algunos pudimos disfrutar pese a las demandas por las que la compañía japonesa decidió retirar todas sus recreativas en 1995. Eso sí, antes nos llegaría una secuela que contaba con el título Sonic Blastman: Real Puncher.

Sonic Blast Man (SNES)

Pero fijate tú lo que son las cosas que en 1992 Taito tuvo la genial idea de reciclar a su curioso héroe en un refrito de Rival Turf y Final Fight pero siempre bajo la curiosa idiosincrasia característica del mundo Blast Man. Deberemos acabar con distintas encarnaciones del mal y, al igual que en la recreativa, estos irán aumentando en cuanto a maldad: empezaremos con bandas callejeras y terroristas para acabar luchando contra alienígenas y clones malvados.

La mecánica de este juego es la típica de un street brawler cualquiera: yo contra el barrio, palizas y tentetieso para seguir avanzando. Desgraciadamente la comparación con Final Fight no es casual ya que en esta primera entrega también se cometieron los mismo errores que Capcom perpetrara en la conversión de su genial título para SNES. Me refiero al tan cacareado modo obligatorio para un jugador y a la sustitución de enemigos femeninos por masculinos, supongo que por la típica censura de monja novicia de Nintendo.

Al menos en lo que sí se desmarcaba en su comparación con otras recreativas similares era en el sistema de combate. Hablamos de un gameplay casi digno de un juego de wrestling en el que los agarres y nuestras combinaciones juegan un papel tan espectacular como efectivo, incluyendo golpes especiales.

Mención aparte merecen las bonus stages o fases de bonificación en las que se homenajeaban a los juegos originales. En estas teníamos que cargar una barra de potencia para soltar un piñazo enorme para acabar con algún energúmeno. Lógicamente perdía toda su gracia sin el saco de boxeo pero como guiño estaba bien.

Sonic Blast Man II (SNES)

Una segunda parte genial nos llegaría también para Super Nintendo bajo el originalísimo nombre de Sonic Blast Man II. Por supuesto Taito hizo los deberes y nos ofreció no sólo el tan demandado modo para dos jugadores, sino que nos sorprendió con tres personajes para elegir. Al carismático y alocado Blast Man se añadió a la femenina Sonia y al aún más gañán si cabe Capitán Choyear. Os aseguro que este último no tiene desperdicio.

Por supuesto el paso del tiempo hizo que esta secuela de 1994 estuviera bien cargada en cuanto a potencia gráfica y sonora se refiere. Un cartucho de 24 megas y el buen hacer de Taito hicieron el resto: sprites de gran tamaño, FX por todos lados, golpes especiales, rapidez…

Aunque como bien hemos dicho Sonic Blast Man ha caído en el olvido para la mayoría de mortales no es así para la compañía japonesa que lo vió nacer, ya que son comunes los cameos en algunos de sus títulos (Furufuru Park para Wii o el genial puzle Bust-A-Move) e incluso pudimos ver una nueva entrega en 2011. Su título es Sonic Blast Heroes y lejos de una secuela de los street brawlers de SNES para Xbox Live o PSN lo que tuvimos fue otra máquina de boxeo loca con la que quemar adrenalina y aumentar nuestro síndrome del túnel carpiano. Por supuesto no llegó a salir de Japón.

Desde aquí dejo constancia de que hacía tiempo que no me acordaba de Sonic Blast Man y sirva este humilde post a modo de homenaje. Un héroe que es capaz de dar hostias virtuales de varias toneladas se merece todo eso y más. Si se han rescatado otros títulos similares para las plataformas de descargas digitales por pedir que no sea. A ver, que levanten la mano la mano aquellos a los que les gustaría volver a dar guantazos de mil toneladas… ¿Veis? En el fondo nunca hemos olvidado al rubiazo de Blast.