Samorost fue el primer juego que hicieron los checos Jakub Dvorský y Tomás Dvorák, que por aquel entonces no eran muy conocidos. Esta primera aportación al mundillo bajo su sello Amanita Design les hizo visibles. Quizás los conozcáis más por el juego Machinarium que ha sido la cúspide de su trabajo, pero toda compañía de videojuegos, en este caso indie, tiene un inicio que le va dando renombre y que redirige su futuro trabajo.

Por el 2003 decidieron embarcarse en un pequeño proyecto que rompiera un poco con lo convencional, una aventura gráfica para navegadores escrita en flash. Claro que sin el uso tan clásico de objetos como en casi cualquier aventura gráfica de point and click. Todo desde una perspectiva interactiva pero bastante lineal en sus formas. De alguna forma estaban poniendo los primeros cimientos de este tipo de juegos, que en la actualidad rara vez no son de este estilo.

Samorost nos plantea el reto de ir avanzando de pantalla en pantalla, no es nada complejo hacer esto pero a veces hay cosas ingeniosas que nos hacen pensar. En sí todo se basa en ir tocando la pantalla, buscando lo que altere la imagen estática que estamos viendo. Esto nos llevará a la siguiente animación y esta activará el siguiente patrón. Todo esta llevado con un contexto como dirigir a un personaje a que haga algo que active una puerta, colocar algún objeto por nosotros mismos, pero a veces es algo absurdo el ver como sucede la acción.

Visualmente sigue la linea que han utilizado posteriormente en sus otras obras, esto es un estilo artístico muy propio del cine ruso. Un tono fantástico impactante pero que se aleja a grandes rasgos de la realidad, una diferenciación muy clara que huye de lo convencional. Unos tonos bastante sobrios en donde suele predominar el gris o las estancias con gran parte de recovecos y cuevas, aunque no falta la hierba en casi todos ellos. Los personajes eso sí, son una mezcla de realismo con algo de excentricidad, es como coger partes de uno y colocarlas en otros personajes. En general es como ver ilustrado un cuento de niños bastante imaginativo, pero con agujeros bien oscuros puestos a propósito para no comprender realmente lo que vemos.

La música corrió al cargo de ellos mismos por lo que tengo entendido, y ésta sólo está presente de forma ambiental. Su papel es ese, no destacar, solo impregnar un poco cada pantalla y ir en sintonía con el estilo presente. Cuenta con pocos temas pero incrementan la sensación fantasiosa del propio juego, y estos son de muy buena calidad.


Samorost trata sobre una colisión, dos meteoritos que albergan vida están a punto de chocar de frente en una perfecta linea recta. Nosotros somos un simple viajero que en nuestros ratos libres nos gusta mirar las estrellas con un telescopio, pero en uno de esos momentos vemos algo que nos aterra. Claramente todavía podemos hacer algo, así que nos dirigimos rumbo al otro asteroide con una estrambótica nave y intentamos cambiar el curso de los acontecimientos. Lo demás es narrativa visual, los entornos nos enseñan el avance y poco a poco descubriremos que el mundo tiene más vida de lo esperado.

En si es una historia realmente corta, y jugablemente apenas aporta un par de pantallas, pero la sensación es bastante única para no echarle un vistazo. Luego además el juego contó con una segunda entrega, esta vez de pago que ampliaba el concepto y los lugares para visitar. Ya hablaremos de ella en otro momento, pero ahora deberíais probar la primera parte que apenas os hará perder 10 minutos, y merece la pena el poco tiempo que dura.

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